Etiquetado: entender la información nutricional de los alimentos

By opensalud.

La etiqueta de los alimentos tiene como finalidad informar al consumidor sobre las características de un alimento. Para ello, la legislación alimentaria obliga a especificar una serie de características sobre el alimento, tanto en lo relativo a su composición como a sus características nutricionales. En algunas ocasiones la información no es del todo clara y existen proyectos en marcha para, supuestamente, facilitar la toma de decisiones por parte del consumidor. Es el caso del Nutri-Score.

 

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Etiquetado: información sobre el alimento

El etiquetado de los alimentos debe cumplir con una misión que está bien definida por la normativa europea: “garantizar a los consumidores una información completa y detallada del contenido y la composición de los alimentos, para que pueda elegir con conocimiento de causa lo que va a comer.”

Esto no incluye únicamente a los productos que se venden ya envasados, los alimentos que se venden a granel también tienen que informar al consumidor sobre sus características, aunque de manera diferente.

Información obligatoria de la etiqueta

El etiquetado de los alimentos tiene la función primordial de informar sobre la identidad y composición del producto (también facilitando la identificación de la empresa que lo comercializa), así como de proteger la salud de los consumidores y garantizar el uso seguro del alimento. Las etiquetas alimentarias deben ser fácilmente visibles, legibles y comprensibles y no deben despegarse con facilidad.

Existe una serie de elementos que son obligatorios en el etiquetado de los alimentos:

  • Denominación del producto. Indica qué es exactamente lo que se ofrece. Debe ir acompañada de menciones sobre las condiciones físicas del alimento o sobre el tratamiento específico al que ha sido sometido (en polvo, recongelado, liofilizado, ultracongelado, concentrado o ahumado, etc.).
  • Número de lote. Necesario para seguir la trazabilidad del producto en su proceso de elaboración.
  • Lista de ingredientes. Incluye todos los ingredientes del alimento (de mayor a menor peso). Quedan excluidos las futas, hortalizas y patatas no procesadas, las aguas, el vinagre, queso, mantequilla, leche, nata, siempre y cuando no se haya añadido nada más que productos lácteos, enzimas alimentarios, fermentos o sal. También quedan excluidos los alimentos que consten de un solo ingrediente y la denominación sea igual al ingrediente y las bebidas alcohólicas de más de 1,2% en volumen de alcohol.
  • Cantidad de algunos ingredientes. Es necesario indicar la cantidad de un ingrediente cuando figura en la denominación del alimento, cuando se destaque en el etiquetado por medio de palabras, imágenes o representación gráfica.
  • Cantidad neta. La cantidad de alimento se expresa en litros, centilitros, mililitros, kilogramos o gramos, según el tipo de producto. Cuando un alimento sólido se venda con un líquido de cobertura (como unos espárragos en conserva), tiene que indicarse también el peso neto escurrido. Si el alimento está glaseado (pescado congelado), el peso neto declarado no debe incluir el glaseado.
  • Origen o lugar de procedencia. Debe aparecer en la miel, el aceite de oliva, frutas y verduras, pescado y carne (de vacuno, cerdo, oveja, cabra y aves de corral). La indicación del país de origen o lugar de procedencia será obligatorio cuando su omisión pueda inducir a error.
  • Alérgenos. Las sustancias o productos que causan alergias o intolerancias (cereales que contengan gluten, crustáceos, huevo, pescado, cacahuetes, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces y moluscos) deben aparecer destacados en el etiquetado, de tal forma que se diferencie del resto de sustancias de la lista de ingredientes.
  • Fecha de duración o fecha de caducidad. Se indicará “consumir preferentemente antes del día y mes” cuando la duración del producto sea inferior a 3 meses, en los demás casos deberá indicarse “consumir preferentemente antes del fin de…” mes y año (cuando la duración es de 3 a 18 meses) o año (cuando se trata de más de 18 meses). No necesitan fecha de caducidad las frutas, hortalizas y patatas frescas, bebidas con una graduación alcohólica superior a 10% vol., productos de panadería que en principio se consumen en el día, vinagre, sal de cocina, azúcar, productos de confitería y gomas de mascar. La fecha de caducidad es para los productos muy perecederos y con riesgo microbiológico, mientras que la de consumo preferente es válida para productos duraderos y más estables.
  • Conservación y utilización. Para permitir la conservación o la utilización en las mejores condiciones de un alimento una vez abierto, es necesario que aparezcan en el etiquetado al igual que la fecha límite de consumo.
  • Grado alcohólico. Se indica el volumen de alcohol “% vol” en las bebidas con un contenido de alcohol superior a 1,2%.
  • Empresa: nombre o razón social y dirección.

Información nutricional de los alimentos

Además de todo lo anterior, es obligatoria la información nutricional del alimento. La información sobre las características nutricionales se deberá especificar por 100 g o 100 ml de producto. La información nutricional debe incluir el valor energético y la cantidad de proteínas, grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcar y sal. Esta información puede completarse con datos sobre el contenido en grasas monoinsaturadas, grasas poliinsaturadas, polialcoholes, almidón, fibra alimentaria y cualquier vitamina o mineral.

 

Etiqueta de los alimentos: características y excepciones

Hay una serie de alimentos que quedan exentos de incluir todas las menciones obligatorias. Entre ellos, los envases cuya superficie mayor sea inferior a 10 cm2 (por ejemplo, un paquete de chicles) solo están obligados a indicar además de la denominación del producto, la posible presencia de alérgenos, la cantidad neta y la fecha de caducidad. La lista de ingredientes debe, de todos modos, estar disponible. Esto significa que la información nutricional es optativa en productos cuya composición no suele ser la más saludable. Las bebidas alcohólicas también están exentas de incluir la información nutricional, al igual que la lista de ingredientes.

Ante este flujo de información, no siempre fácil de leer, el consumidor debe poder decidir si adquiere o no el producto. Por eso, una de las características fundamentales de la información es no inducir a error alguno al consumidor, lo que implica la obligación de ser veraz acerca de las características del alimento.

En ningún caso puede el etiquetado atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee, ni tampoco insinuar que tiene características propias especiales. Por ejemplo, no se puede anunciar que una leche entera no tiene gluten cuando, por naturaleza, las leches no tienen gluten.

 

Alegaciones sobre propiedades nutricionales y de salud de los alimentos

En el año 2006, el Consejo de la UE aprobó una norma −el Reglamento (CE) nº 1924/2006− que abría la puerta a hacer alegaciones nutricionales o de salud en las etiquetas de alimentos en función de su composición.

En las alegaciones nutricionales se destaca el contenido de un nutriente (“rico en fibra”) o su ausencia (“sin grasas saturadas”). Los requisitos para poder llevarlas están bien definidos. Por ejemplo, un alimento es rico en fibra si contiene más de 6 g por cada 100 g de producto o 3 g por cada 100 kcal aportadas.

Una alegación de salud, por el contrario, relaciona la presencia de un determinado componente con un efecto positivo para el organismo. La normativa distingue 3 tipos: las relativas a funciones generales del cuerpo (digestión, funciones cognitivas, adelgazamiento), al desarrollo de los niños y las que afirman reducir el riesgo de padecer una enfermedad.

Las alegaciones de salud que se han autorizado son, en su gran mayoría, aquellas que están ligadas a la función de una vitamina o mineral.

Hecha la ley, hecha la trampa

A raíz de la entrada en vigor del reglamento, muchos mensajes que aparecían en los envases de los alimentos ya no estaban autorizados. Un ejemplo paradigmático es el de ciertas leches fermentadas y la respuesta inmune. Sin embargo, los fabricantes buscaron los resquicios para seguir utilizando las alegaciones (por ejemplo, añadiendo las vitaminas que sí permitían sustentar la alegación de “bueno para el sistema inmunitario y las defensas”).

 

Novedades en el etiquetado: Nutri-Score

A lo largo de los primeros meses del año próximo está previsto la entrada en vigor del logotipo nutricional Nutri-Score, en el que de manera voluntaria la industria alimentaria plasmará en la etiqueta de los alimentos una clasificación gráfica con 5 grupos (A, B, C, D, E). La clasificación en una u otra categoría se realiza mediante un algoritmo que incluye una puntuación global relativa al contenido de nutrientes en 100 g de producto. Por un lado, los considerados “menos favorables” desde el punto de vista nutricional: calorías, azúcares, ácidos grasos saturados y sodio, y por otro, los “más favorables”: proteínas, fibra alimentaria y porcentaje de frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos y aceites de oliva, colza y nuez. De este modo, los alimentos quedan clasificados en grupos en función de su “conveniencia nutricional”: A, saludables, hasta la E, poco saludables.

Esta iniciativa −no exenta de controversia− y que se está poniendo en marcha a nivel europeo, pretende facilitar la comprensión de la calidad nutricional de los alimentos, a fin de que el consumidor elija la opción más adecuada para su dieta.

Tags: pacientes, alimentos, alimentación, nutrición

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